Tuesday, December 26, 2006

LINFORD MORGAN, EX GRAN ARTISTA VISUAL

Linford Morgan era un malabarista de platos en varillas.

Digo era, porque esta es la historia de cómo dejó de serlo.

Linford Morgan vivía de hacer malabares con platos.

Los malabares con platos consisten en que una persona,

en este caso Linford Morgan, hace girar un plato sobre una varilla,

luego, hace girar un segundo plato sobre otra varilla y así sucesivamente,

hasta tener tantos platos girando al mismo tiempo como pueda resistir.

Linford Morgan había logrado girar hasta 40 platos de una sola vez.

El arte del malabarismo de platos consiste en saber

cuándo dar un nuevo impulso a cada plato para que éste siga girando.

Linford Morgan había desarrollado su técnica a tal nivel,

que sabía perfectamente cuándo dar a cada plato un nuevo impulso,

cuándo dar impulso a los más grande, a los más gruesos,

a los de café y a los de pan, a los de comida y a los de servir.

Con los años, Linford Morgan había conseguido una colección de platos inigualable.

Los tenía de todos tamaños y colores, de todas procedencias y valores.

Linford Morgan estaba tan orgulloso de su colección,

que dedicaba largas horas a limpiar cada uno de sus platos.

Un buen día, como cualquier otro día,

Linford Morgan seleccionó los 40 platos con que iba a hacer el show de esa noche.

Entre ellos, incorporó un nuevo plato,

un plato que le habían traído esa misma tarde desde Linovia.

Como siempre que empezaba un nuevo espectáculo,

Linford Morgan estimó el peso de cada plato

y decidió el orden en que iba a equilibrarlos.

Partiría con el de Túnez, luego el de Guanajuato y así seguiría

Hasta que en el lugar décimo quinto pondría el nuevo plato de Linovia.

Como cada noche, la sala de espectáculos se fue llenando.

Entraba gente de todas las edades y tamaños,

Hombres gordos y bajos y mujeres largas y altas,

Niños y ancianas, señoras y señoritas.

Cuando la sala estaba completamente llena,

se apagaban las luces.

En esa penumbra, un foco de luz iluminaba desde la altura el centro del escenario.

Un redoble de tambores imponía el silencio en las conversaciones

y la voz de un narrador anunciaba al Gran Linford Morgan, Gran Artista Visual.

Entre los aplausos del público,

Linford Morgan entraba al escenario, con una mesita plegable bajo el brazo.

Cuando estaba bajo el foco de luz, abría la mesita y la dejaba a un lado.

Luego, salía del escenario y volvía a él con los 40 platos apilados,

los dejaba en la mesa y volvía a salir.

Todos estos movimientos eran observados en detalle por el público

Que mantenía un atento silencio.

La expectación iba creciendo, no se escuchaba ni un suspiro.

En la tercera entrada de Linford Morgan al escenario,

éste venía con un ramillete de 40 varillas de madera de bambú.

Apoyó las varilla en la mesa,

tomó una de ellas y con la mano izquierda

la sostuvo perpendicular al escenario,

luego tomó el primer plato de la pila y lo hizo girar sobre la varilla

cuando el plato empezó a girar, una música de clavecín inundó el escenario.

Como todas las otras noches, Linford Morgan hizo lo mismo con el segundo plato,

Tomó otra de las varillas con la mano izquierda, la situó perpendicular al escenario,

tomó el siguiente plato de la pila y lo hizo girar.

Antes de tomar la tercera varilla volvió a dar un impulso al primer plato en girar.

Siguió con esta rutina hasta que llegó al decimoquinto plato, el plato de Linovia,

Linford Morgan hizo lo mismo que las veces anteriores:

tomó una de las varillas, con la mano izquierda la situó perpendicular al escenario,

tomó el plato de la pila y lo hizo girar.

El giro del plato era más rápido de lo acostumbrado, giraba sin tambalear.

Como Linford Morgan llevaba muchos años en este oficio,

sabía que no podía dudar, que cualquier cavilación podía hacerlo fallar.

Como siempre, antes de tomar la siguiente varilla dirigió la mirada

a los platos que ya estaban girando en el escenario

Bastó con este gesto para que el plato de Linovia dejara de girar,

Ooooohhhh!! Exclamó el público al unísono.

Como todos saben, un plato que deja de girar pierde el equilibrio,

cae al suelo y se quiebra.

Linford Morgan miró rápidamente al nuevo plato y dio a éste un impulso

para que volviera a girar.

Linford Morgan sabía que no podía dejar caer los preciosos platos de su colección

Entonces, volvió a dirigir la mirada a los demás

y vio como dos de ellos ya estaban tambaleando.

Nuevamente, al quitar la mirada del plato de Linovia, éste dejó de girar

Otra vez, el público exclamó al unísono,

Se empezaron a levantar un murmullo en la sala

Linford Morgan empezó a transpirar,

De pronto, uno de los platos, el de Muarat cayó al suelo

El estrépito causado por el plato hizo que se generara un nuevo silencio en la sala

Seguido de él, el murmullo empezó a hacerse cada vez más fuerte.

Linford Morgan miraba como sus platos iban perdiendo la fuerza de giro,

empezaba a cambiar la posición para mirar y el plato de Linovia dejaba de girar

Cayó al suelo el plato de Alemania, y el de rayas verdes y rojas.

Cayó uno amarillo con estrellas y cayó también el de navidad.

El público empezó a pararse de sus asientos

El murmullo estaba muy fuerte, tanto

que no se escuchaba el ruido de los platos al caer

Linford Morgan volvía a dar impulso al plato de Linovia

Y miraba como el resto de sus platos iba cayendo estruendósamente al suelo

Las pifias del público eran evidentes,

Una mujer vieja y gorda se acercó para quejarse del “robo” que era esta función

Un elegante hombre de sombrero le grito que “esto no se iba a quedar así”

Otras personas le gritaban insultos y reclamos mientras se dirigían furiosas a la salida.

Linford Morgan no podía mirar, por que el plato dejaba de girar.

Pero cada cierto tiempo levantaba un ojo y lo volvía a impulsar.

Linford Morgan de pronto se dio cuenta que no quedaba nadie en el teatro

Se prendió la luz del escenario y la voz del narrador le gritó:

“deja ya de hacer girar ese plato, ya no hay nadie, todo se perdió”.

Linford Morgan estaba anonadado,

nunca en su vida algo así le había pasado.

Siguió girando el plato por una horas más,

lo miraba y lo miraba y no podía entenderlo.

De pronto, algo pasó, Linford Morgan tomó el plato con su mano izquierda,

Lo miró, lo tomó con las dos manos,

miró de un lado al otro el teatro vacío,

tomó el plato con la mano derecha

y con toda la fuerza que pudo, lo tiró al suelo.

Miles de pedazos saltaron alrededor de Linford Morgan

Linford Morgan cayó de rodillas sobre el escenario

Se tapó la cara con las dos manos y lloró

Desde ese día Linford Morgan ya no hace malabares con platos

Desde entonces Linford Morgan no es un artista visual.

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